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'Historias del río Bravo', en Informe Semanal

La piña americana La piña americana

 La travesía después del río Bravo: ¿Qué ocurre al pisar el sueño americano?

  • Informe Semanal recorre la frontera de Texas para escuchar a las personas que escapan desde Centroamérica
  • Los menores solos y muchas familias con niños pequeños logran pedir asilo en Estados Unidos, a los demás los deportan

26.06.2021 | actualización 09:13 horas

 

PorCRISTINA OLEA (Enviada especial de TVE a Texas)
Río Bravo, la puerta del drama migratorio entre México y Estados Unidos
Acabamos de llegar a Texas, al valle del río Bravo. Ramón, un periodista, nos señala el camino: al pasar la verja naranja, una pista forestal de algo más de un kilómetro llega hasta el río, al punto donde tantas noches ha estado Ramón informando para su radio local La Pistolera. Por el camino vemos zapatos, camisetas, biberones, osos de peluche... atrapados entre las ramas. Son los objetos perdidos durante el éxodo diario.

Hacía 20 años que no se aventuraban tantas personas a cruzar la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí el río Bravo es estrecho y poco profundo, más fácil de cruzar, y es uno de los puntos por donde pasan más migrantes. Pasada la verja naranja el terreno es privado, pero la dueña deja que los periodistas pasen a retratar el drama que cada noche se despliega en su propiedad... así que cuando llegamos, justo antes del anochecer, ya hay dos focos encendidos apuntando al río y un grupo de fotógrafos. También aguardan varios agentes de la patrulla fronteriza.

Cae la noche y todo sucede según el guión: un chapoteo, unas voces, una linterna que se enciende en el río... y llega la primera balsa hinchable, justo a donde los focos estaban apuntando. El coyote ayuda a bajar a las familias y les pide que devuelvan los chalecos para el siguiente grupo. Va y vuelve con la naturalidad de quien hace su trabajo. La sensación de normalidad resulta tan chocante que parece que estamos en una ficción, pero la crisis humanitaria no puede ser más real. El drama es de carne y hueso: son familias con niños pequeños y menores solos.

"En nuestro país no hay más que peligro, muerte, drogas"

Son madres como Michel, que escapa de Honduras y nos cuenta que lleva dos meses y medio viajando con su hija de 4 años, a pie o a bordo de 'La Bestia', ese tren también apodado 'de la muerte'. "Allá está peligroso, no hay un buen ejemplo que darle a nuestros hijos, más que peligro, muerte, drogas", nos dice. Como Tami, que en casa no ganaba suficiente para mantener a su hija, su madre y su abuela. Como Carmen, que describe amenazas de muerte, mareros, extorsionadores. Las tres han criado solas a sus hijos y las tres nos dicen que sólo quieren darles un futuro mejor.

Adolescentes que llegan solos, como Karina. Escuchó que si venía antes de cumplir 18 años le dejarían pedir asilo, y dejó atrás a una madre destrozada. Su mirada está llena de tristeza. Pero no veía otra alternativa. Como Lesi, la chica que se ha sentado a su lado. Los padres de las dos murieron. Ellas nos dicen que han venido a estudiar, a buscar una vida mejor, a ayudar a sus madres que se quedan en Centroamérica, a escapar de la violencia y los feminicidios. Las dos tienen parientes en Estados Unidos y quieren reunirse con ellos.

Familias como la de Enrique, un abuelo de 75 años que un día, cuando las maras asesinaron a su hijo, reunió a la familia y les dijo que tenían que huir. Ha venido con otras nueve personas: varios hijos y nietos, los más pequeños de un año. En Estados Unidos vive otro hijo desde hace años. "Venimos buscando la salvación de la autoridad", nos decía Enrique justo después de cruzar el río, después de un mes caminando desde Honduras, pidiendo por las casas y pasando hambre. Pero la autoridad decidió que no podía salvar a todos: sus hijas con los niños pequeños se han quedado. A Enrique y a un hijo los devolvieron en caliente a Reynosa, en México.

Adultos como el grupo de catorce personas que nos encontramos corriendo campo a través para escapar de la patrulla fronteriza. O los que agachan la mirada en los furgones. O la mujer que nos cuenta que venía con sus hijos pero ellos cruzaron primero y los perdió. O la chica que ya ha cumplido 18 años y todavía no sabe que ésa es la peor de las noticias para ella.

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