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El misterio de la casa abandonada

El misterio de la casa abandonada
 
El misterio de la casa abandonadaHabía una vez una casa abandonada en medio del bosque. Cerca había un pueblo. Allí vivían Martín y Pedro, dos hermanos muy curiosos a los que les gustaba mucho ir a jugar al bosque.

Martín y Pedro nunca habían entrado en la casa abandonada. Ni siquiera se acercaban, a no ser que fuera totalmente necesario. Como cuando le daban tan fuerte al balón que llegaba hasta las inmediaciones de la casa.

Un día, Martín le dio una patada tan fuerte al balón que este se coló por la ventana. El sonido a cristales rotos les dejó claro que, si querían recuperar la pelota, tendrían que entrar a buscarla.

Los dos hermanos se acercaron a la casa, pero no sabían qué hacer. No querían colarse por la ventana para no cortarse con los cristales.

—¿Probamos a ver si la puerta está abierta? —dijo Pedro.

—De acuerdo, pero vamos con cuidado —dijo Martín, que estaba un poco asustado.

Pero justo cuando se estaban acercando a la puerta oyeron unos ruidos en el interior de la casa. Los dos dieron un grito y salieron corriendo.

Cuando llegaron a casa, su padre les preguntó:

—¿Qué os pasa? Parece que habéis visto un fantasma.

Con gran dificultad, Martín respondió:

—Verlo, no lo hemos visto. ¡Pero lo hemos oído!

Mientras Martín cogía aire, Pedro continuó:

—Se nos ha colado el balón en la casa abandonada. Y cuando nos hemos acercado hemos oído ruido dentro.

Martín añadió:

—Hemos asustado al fantasma de la casa abandonada. O, peor aun, hemos hecho que se enfade. ¡No podremos volver al bosque! ¡Nos perseguirá!

Pedro miró a su hermano y dijo:

—¿Y si nos ha seguido? Ahora ya sabe dónde vivimos. ¿Qué hacemos si viene esta noche?

El padre de Martín y Pedro les interrumpió y les dijo:

—Tranquilos, chicos, seguro que esto tiene una explicación y que no hay ningún fantasma. Vamos hasta la casa abandonada a ver qué pasa.

Martín y Pedro siguieron a su padre hasta la casa abandonada. Tenían mucho miedo, pero no querían dejar a su padre solo, así que fueron con él.

Con mucho cuidado, el padre de los muchachos empujó la puerta de la casa abandonada, quedándose a un lado. Los chicos se habían quedado detrás de él.

El misterio de la casa abandonadaMuy despacio, los tres asomaron la cabeza a ver que había dentro.

—¡Perritos! —dijeron los tres a la vez.

Una perra estaba tumbada en el suelo mientras amamantaba a seis pequeños cachorrillos.

—El balón debe de haber molestado a los perros —dijo Martín.

Padre e hijos volvieron a casa a buscar unas mantas, agua y comida para la familia canina que habían descubierto.

Desde aquel día la casa abandonada dejó de estarlo, y se convirtió en el refugio de aquella familia de perros. Martín y Pedro los cuidaron, dándoles comida y agua. A cambio, los perros jugaban con ellos y les daban mucho cariño. Es lo que tiene ayudar, que siempre recibes más de lo que das.
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