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RETAZOS DE NUESTRA HISTORIA CAPÍTULO XXXIV

RETAZOS DE NUESTRA HISTORIA  CAPÍTULO XXXIV

Conquista del Peñón de Frigiliana por las huestes cristianas

/Juan Moreau Tamayo

“Las Christianas banderas comenzaron a subir a toda priessa por las cuestas arriba, mas los moros comenzaron a defender la subida, arrojando muchas piedras con una endiablada invención, y fue que tenían muchas ruedas de molino apercibidas, y por los ojos atravesados unos maderos muy largos, y estas arrojaban piedras en derecho de las escuadras de los Christianos que subían por la cuesta, y no havía rueda destas que no se llevasse de camino cincuenta soldados, si delante los hallaba” Pérez de Hita.

Guerras Civiles de Granada” Segunda parte. Capítulo XIV.  Madrid 1.601.

"Hubo algunas Moras que pelearon como esforzados varones, ayudando a sus maridos, hermanos e hijos; y quando vieron el fuerte perdido, se despeñaron por las peñas más agrias, quiriendo más morir hechas pedazos, que venir en poder de Christianos.  A otras no les faltó ánimos para ponerse en cobro con sus hijos en los hombros, saltando como cabras de peña en peña. 

Ganado y saqueado el fuerte fueron captivas más de tres mil almas”. Mármol Carvajal. “Rebelión y Castigo” Libro sexto, capítulo XXIV. Málaga 1.602.  

“Dentro del fuerte murieron quinientos hombres, la mayor parte viejos, mujeres y niños; casi mil y trescientos Christianos, fueron heridos más de seiscientos, muriendo en pelea pasados de trescientos soldados”.

"Hurtado de Mendoza “Guerra de granada  Libro tercero, Lisboa 1.627."

“El saco (saqueo) fue grande y se tomaron esclavos, muchas moras y muchachos, aunque todo fue cobrado a precio de Christiana sangre” Pérez de Hita.

Guerras Civiles de Granada” Segunda parte capítulo XIV. Madrid 1.601. 

“Un angustioso silencio se hizo sobre la Alquería de Frigiliana.   Allí quedaba el monte abandonado, los cuerpos muertos, la voz viva de Martín Aguacil.   Si defendiendo nuestra libertad muriésemos peleando, la Madre Tierra recibirá lo que produxo; Y al que faltare sepultura que le esconda, no le faltará Cielo que le cubra. No quiera Dios que se diga que los hombres de Bentomiz, no osaron morir por su patria”. 

(Continuará)

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