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La primera ministra británica, Theresa May, se dispone este domingo a ofrecer una rueda de prensa en Bruselas

Teresa May Teresa May

/EMMANUEL DUNAND AFP

 

Theresa May está dispuesta a dar batalla hasta el último minuto, a pesar de que la suma no sale y todo indica que el acuerdo del Brexit alcanzado en Bruselas no tendrá el respaldo del Parlamento británico el próximo 12 de diciembre. "Se trata de una de las votaciones más relevantes de las últimas décadas. Los diputados deben elegir si avanzamos todos juntos o si entramos en un periodo de más división e incertidumbre", ha dicho este domingo desde la capital comunitaria. "Si la gente cree que es posible negociar un nuevo acuerdo deben saber que es imposible. Este acuerdo es el mejor y el único posible", ha advertido.

 

Nadie parece dispuesto en Reino Unido a dar una tregua a Theresa May y permitirle celebrar su pequeña victoria en Bruselas. Los principales actores políticos del país asumen ya que el acuerdo de Brexit aprobado por la UE será rechazado en el Parlamento británico el próximo 12 de diciembre y elaboran ya planes para el día siguiente. Un grupo de ministros favorables a la permanencia en las instituciones europeas, según The Sunday Telegraph, ha comenzado a coordinarse con los unionistas norirlandeses del DUP para preparar un "plan B" que evite una salida abrupta de la UE. May, mientras tanto, ha puesto ya en marcha una campaña pública para ganarse el respaldo de los ciudadanos. En una carta abierta publicada en los principales medios del país asegura: "En los próximos días pondré mi corazón y mi alma en lograr que el Parlamento vote este acuerdo y que se cumpla el Brexit, por el bien de Reino Unido y de toda nuestra gente".

 

En el hervidero de cuentas y conjuras que es hoy el debate político en Reino Unido, las últimas cifras hablan de al menos 90 diputados en las filas conservadoras dispuestos a rechazar el acuerdo de May en el Parlamento. El Gobierno ha puesto ya en marcha una estrategia de persuasión personal en la que ofrece cambios en leyes que nada tienen que ver con el Brexit pero que pueden inclinar el voto de diputados concretos: control de armas, reformas procesales en los casos de violencia de género, hasta el ofrecimiento, en un par de casos, del título de Caballero, para halagar la vanidad del interpelado.

 

Parece complicado, sin embargo, que May pueda cambiar tantas voluntades. La última estrategia que circula por los medios apunta a que el Gobierno buscaría una doble votación del Brexit. Consciente de que la primera está perdida, confiaría en que Bruselas accediera a continuación a retoques menores y en que el pánico en los mercados y el previsible hundimiento de la libra esterlina convencieran a los diputados rebeldes.

 

Pero no es el único escenario que se baraja estos días. Desde la posibilidad de que, fracasada la votación, May fuera apartada de su puesto en una moción de censura hasta la posibilidad de una convocatoria adelantada de elecciones generales pasando por un segundo referéndum del Brexit.

 

Un grupo de cinco ministros, liderado por el de Economía, Philip Hammond, partidarios todos ellos de la permanencia en la UE, han empezado a coordinarse para elaborar un plan alternativo que evite a toda costa la posibilidad de un Brexit sin acuerdo llegada la fecha del 29 de marzo. Buscarían una solución "a la Noruega" que permitiera a Reino Unido permanecer en el Area Económica Europea pero no acabaría con la libertad de movimientos de personas, tal y como se ha comprometido May.

 

Los euroescépticos, por su parte, hablan esto días de un "no acuerdo controlado" que les permitiera cumplir su sueño de liberar a Reino Unido de todo compromiso y someterse tan solo a las reglas de la Organización Mundial del Comercio.

 

Unos y otros, sin embargo, parten de una asunción no demostrada: que la UE esté dispuesta a prorrogar los plazos y volver a negociar los términos de un nuevo acuerdo.

 

Mientras, Theresa May ha comenzado ya una campaña pública en defensa del acuerdo del Brexit. En una carta abierta publicada en los principales medios británicos, la primera ministra ha vuelto a asegurar que con el pacto alcanzado se cumple el resultado del referéndum de 2016 y se protegen a la vez los empleos, la seguridad y la integridad territorial de Reino Unido.

 

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