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¿PERO ÉL LO SABE?

¿PERO ÉL LO SABE?

 /Juan Sánchez Jiménez

José Perotín nació y se crió en un pintoresco lugar del conocido Valle Insípido por sus buenos productos del campo, ayudando a su padre en las labores agrícolas y la única escuela que tuvieron él y sus cuatro hermanos fue la de los esforzados maestros ambulantes que iban por los lagares y casas de campo enseñando a los niños las cuatro reglas, leer y escribir y la ortografía, siempre fuera de las horas en que sacaban los cerdos a campear. Algunos de los demás saberes humanos los aprendieron hablando con los vecinos en la taberna y escuchando con atención a los "señoritos" que algunas veces saludaban a su padre.

José era un hombre tranquilo, de andares pausados y conversación chistosa y aunque sus hermanos eran más o menos como él, no llegaban a tener su acusada personalidad, que por su simpatía, ganaba amistades sobre la marcha.

Pasaron los años y José llegó a la mayoría de edad y con ella las ganas de echarse novia, lo que hizo acercándose en el paseo de los domingos a Paquita la hija del albañil, de forma que en cuestión de pocos años de noviazgo se prometieron.

Llegó el día de la boda y estaban los invitados en la puerta de la iglesia esperando a los novios en un ambiente dicharachero hasta que llegó el coche engalanado de la novia, que tomó sitio entre los asistentes a la espera de que llegara José.

Por lo pronto no fueron conscientes de la situación, pero una vez agotado el intercambio de comentarios propios de la ocasión fueron echando de menos al novio, que ya se retrasaba demasiado, empezando los reunidos a soltar opiniones poco favorables por su tardanza, provocando el rubor de sus hermanos, que trataban de justificarlo.

Uno de ellos, Antoñico, que era de natural observador, callado, y ensimismado, se puso nervioso escuchando los comentarios y cuando no pudo aguantar más dio un grito que oyeron todos los reunidos, retumbando en el atrio de la iglesia: ¿Pero él lo sabe?...

Esta historia real viene a propósito de la situación de los asuntos públicos en España, donde están ocurriendo tantas cosas decisivas sin que los responsables de resolverlas y su jefe principal se inquieten ni tomen ninguna clase de medidas correctoras, dejando que con el paso del tiempo se olviden o revienten y a los que diariamente se quejan en las tertulias de esta situación, nadie debe repetirles la pregunta, justificando al que está obligado a actuar y solucionar problemas, sino sumarse a ellos. Cualquier cosa antes que tratar de defenderlo y justificarlo, porque él sabe muy bien lo de Cataluña, lo de Navarra, lo de Basconia, lo de los asesinatos de niños con la ley del aborto, lo de los bandoleros robando en los partidos políticos...¡Lo sabe todo! y sólo necesita actuar, tomar medidas, imponer e imponerse, mandar, ordenar, legislar, utilizar la ley y cumplirla y si no se siente capaz, debe recordar, por si no lo sabe, que después del voto, lo más importante de la democracia es dimitir. 

 

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