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¿Realmente solos?

¿Realmente solos?

/Antonio Gómez Pérez

Aunque puede parecer que el título no va a ser la hipótesis con la que un científico de postín gane un Nobel, muchos no son capaces de asimilar que la realidad no es siempre como parece. Todo lo que hacemos un día cualquiera solo tiene sentido si nosotros así lo creemos.  Asimismo la mayoría de lo que creemos no tiene demasiada relevancia cuando llega el momento al que todo ser humano teme: la soledad

Somos sociables por naturaleza, pero este concepto se está distorsionando. Los intereses, que quizá en el mundo actual están más presentes que nunca, así lo ponen de relieve. Schopenhauer destacaba la improbidad del ser como elemento principal en las relaciones que se establecen entre estos.

Al mismo tiempo no deja de ser verdad que eso que llaman simpatía está presente en todos nosotros. Sympátheia es el origen de este conceptoque, en definitiva, significa experiencia o afección de algo a través de la experiencia o afección de otro u otros.  Esto explica que cuando vemos a alguien llorar sin consuelo sintamos ternura e incluso compartamos parte de su dolor; del mismo modo  cuando vemos a un bebé reír nos provoca alegría.

Pese a los vínculos biológicos que llevan a todos los seres a unirse, la pregunta que me planteo es: ¿estamos solos realmente? El cantautor Gilbert O’Sullivan aclaraba en una de sus canciones que la respuesta a este asunto es afirmativa basándose en el hecho de que el tiempo, en silencio, se encarga de que así sea.

No hay más que mirar a nuestro alrededor para  ver a un montón de personas que irán desapareciendo de nuestra vida. Algunas se marcharán sin decir adiós, otras seguirán un camino distinto; en cualquier caso todas ellas pasarán algún día a ser historia. Y nosotros también.

Dado que no existe razón más poderosa que nuestro tiempo limitado y la soledad que este nos irá imponiendo, tenemos una vía para continuar: ejercer nuestra libertad para llegar a la  felicidad,  que solo se deja ver de cuando en cuando. Ello implica asumir que estamos o estaremos solos, pero que podemos poner remedio hasta que llegue lo irremediable.

Sé que suena tópico, pero la mejor solución cuando todo en lo que creemos se derrumba es que existe un mañana. Nadie puede decirnos cómo vivirlo. Necesitamos sentir que tenemos otra oportunidad, por eso la soledad es perniciosa para cualquiera. Su sensación hace que incluso renunciemos a lo que nos quede por venir, ya que la indiferencia es el lastre que puede conseguir hundir a cualquiera.

Manuel Alcántara, al que cito tanto como leo, asegura que solo vale la pena luchar y vivir por aquello que se está dispuesto a morir. ¿Realmente solos entonces? Lo estaremos, pero mientras tanto busquemos un motivo para no dejar irse las tardes mirando como atardece. Ese puede ser el mejor medio para combatir la soledad, aunque a veces nos gane esta partida. Que es a contrarreloj.

 

 

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