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LAS TORRES MUSULMANAS DE ALHAURIN DE LA TORRE (1)

LAS TORRES MUSULMANAS DE ALHAURIN DE LA TORRE (1)

 (Archivo de La Fontana)                                         

 En los siglos V y VI después de Cristo, las tierras de Alhaurín de la Torre formaban parte de grandes cortijos, llamados entonces  "villas", en los que se cultivaban tierras fértiles, trabajando en ellas la población española, que había sido colonizada por los romanos, seguía hablando el latín vulgar y teniendo las mismas costumbres y forma de vida de tiempos pasados. En esta sociedad campesina visigoda, la gran propiedad fue el centro económico, en el que vivía el señor rodeado de colonos, a los que cobraba impuestos, administraba justicia, imponía el servicio militar, muchas veces para sus guerras privadas, etc. La aristocracia visigoda y reyes, con sus peleas, tenían revuelta España, dando lugar a la intervención de un ejército mandado por caudillos árabes, procedente del actual Marruecos, entre los años el año 711 y 712. Esta invasión de España es el principio de una nueva etapa de nuestra historia, un corte total y definitivo con el pasado; un cambio radical en todos los aspectos formales de la vida diaria, del Estado, de la economía, de la agricultura, etc.

 

 LA INVASIÓN Y ORGANIZACIÓN DE LA COMARCA

 

Efectivamente, grupos de tropas formadas y dirigidas por militares árabes, en el norte de África, compuestas de gente beréber, entraron con el general Musa el año 712 y ocuparon los centros de poder de las comarcas que antaño fueron las más romanizadas, como Cártama y Alhaurín de la Torre, y que en los últimos años visigodos, al tiempo de esta invasión musulmana, sufrían una vida diaria de necesidades.

 

Estos militares, procedentes de Siria y Jordania, se instalaron junto con el importante elemento beréber marroquí y argelino, una vez licenciados del ejército, en la vega del Guadalhorce controlando el cobro de impuestos y como agentes difusores de nuevos cultivos agrícolas, configurando una población agraria que se destaca por la introducción de nuevas especies hortícolas y frutales, impulsando un nuevo desarrollo de la agricultura malagueña, con el uso de semillas de frutos orientales para aclimatarlas aquí, como el granado, el plátano, la caña de azúcar, el cidro, el ajonjolí, así como nuevas variedades de olivos, almendros y vides.

 

Pronto abundaron aldeas y alquerías en las zonas con manantiales como Churriana, Alhaurín, Coín, etc. y en los numerosos cortijos de secano. Dichas aldeas y alquerías estaban dirigidas por un jefe con residencia en un castillo próximo, como el de Cártama  y otros, y el tercio de las tierras más fértiles de los españoles vencidos, los visigodos, fue repartido entre los invasores musulmanes, que con el paso del tiempo se españolizaron y convivieron durante siglos con los cristianos, menos pacíficamente de lo que algunas corrientes políticas actuales pretenden demostrar.

 

El modelo de ocupación consistió en reutilizar antiguas villas romanas abandonadas desde siglos atrás y repobladas para labrar sus tierras de óptima producción, que desde el siglo VIII, poco después de la invasión árabe, se convierten en nuevas aldeas y alquerías, cada una con cierto número de habitantes.

 

En cuanto los moros (que significa "nacidos en Mauritania") consolidan su conquista de España, comienza en la segunda mitad del siglo VIII una corriente inmigratoria de árabes procedentes de Siria, Yemen y Jordania, que se instalan como colonos en fincas que el Estado les reparte. Esa corriente inmigrante continuará durante siglos y así ocurrió en toda la Vega del Guadalhorce, incluido Alhaurín de la Torre, lugar fundado por beréberes, bajo el mando de caudillos árabes, procedentes estos en su mayoría del lugar de Ruqa, en Siria, y toman Cártama como uno de los centros de su asentamiento y desde aquí consiguen importantes puestos en la capital, Córdoba, como funcionarios del Estado.

 

Los de Cártama son familias vinculadas al proceso de islamización organizado por el gobierno cordobés. Son individuos importantes, con mucha influencia, como altos funcionarios de la administración pública, ocupándose especialmente de que la población española cristiana se vaya convirtiendo a la religión musulmana. Los habitantes del campo estaban obligados a pagar impuestos y alistarse en épocas de guerra y Cártama se convierte en uno de los distritos de más afluencia árabe-yemení, como  cabeza del distrito de la Vega de Málaga, formado entre otras, por las alquerías de Alhaurín de la Torre.

 

La llegada y asentamiento de estas comunidades árabes, provocan diferencias entre ellos y los beréberes marroquíes y con ellas, los enfrentamientos, las sublevaciones y las guerras obligando a los gobiernos a construir fortalezas, como la torre de Torrealquería, no sólo para hacer frente a los levantiscos sino también como apoyo a su política de cambio de religión de los españoles. Estas fortalezas y torres y otras que se levantan más tarde servirán desde el siglo XIII como elementos defensivos en las luchas entre musulmanes del reino de Granada, es decir utilizadas por moros contra moros. 

 

Con la nueva organización estatal islámica cambian los nombres de las antiguas divisiones políticas y administrativas visigodas, llamando "cora" a la provincia e "iqlim" al partido fiscal, administrativo y judicial, gobernado por un funcionario. Éstas coras o provincias desaparecen cuando termina el Califato, que se  fragmenta en numerosos y pequeños reinos, llamados "taifas", y se disponen nuevas fórmulas del cobro de impuestos, centradas en las alquerías.

 

Parece que de los treinta cabezas de partido de Málaga, cuatro estaban en el Valle del Guadalhorce, todos en lugares de regadío o vegas, donde la actividad tributaria estaba reglamentada. Esos cuatro iqlim fueron Málaga, Cártama, Lamaya y Álora.  El iqlim representa un distrito con el sentido de comarca natural, emplazado en zonas llanas, casi siempre de regadío, integrado por un número denso de alquerías y su demarcación coincide con las zonas de huerta y con un río, que depende de un castillo cercano.

 

Fueron tierras primorosamente cultivadas, con hazas y huertas de árboles frutales, acequias, molinos de harinas y de aceite, lagares y cultivos de todas clases, que llamaron poderosamente la atención de los castellanos en sus incursiones previas a la guerra final de 1485 por los pueblos y alquerías de la vega malagueña, como se lee en infinidad de crónicas de la época:

 

"Y llegando a aquel monte que es parte del castillo, vimos la más bella huerta que habíamos visto en ninguna  villa, en la que había más de doscientas casas por la Huerta, las más bellas que se pueden encontrar, y las alquerías en su torno, muchas y espesas, y vimos el castillo, tan noble y tan bello, de cuya vista tuvimos gran placer y alegría en nuestro corazón" ("Crónica o Libro de los Hechos", Barcelona, Edicions 62, 1982, pág. 284, traducción libre del catalán).

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