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BATALLA DE MOROS Y CRISTIANOS EN ALHAURINEJO

BATALLA DE MOROS Y CRISTIANOS EN ALHAURINEJO

(De la antigua revista impresa La Fontana)

 /Juan Sánchez

En 1410 el infante D. Fernando de Castilla, regente del joven rey Juan II, decidió emprender una gran campaña contra los moros granadinos y el 24 de abril de ese año, los jefes cristianos, reunidos en Alhonoz (Écija), decidieron atacar Antequera, deseoso de una victoria rápida que hiciera aumentar su fama, sin atender a razones estratégicas de sus capitanes y partió hacia Antequera, a donde llegó el día 26 y rodeó la villa.

Enterado el rey moro de Granada Yusuf III movilizó con rapidez cinco mil  caballeros y ochenta mil peones que, dirigidos por dos príncipes moros, llegaron a Archidona la tarde del 4 de mayo.

El día 5 llegaron los moros cerca de Antequera, produciéndose varias escaramuzas, y el 6 se produjo una cruenta batalla, al cargar los infantes granadinos sobre las posiciones cristianas ganando la batalla la gente del infante, muriendo 15.000 musulmanes y 120 cristianos. Después del desastre, el emir granadino intentó concertar la paz con el infante a través de su embajador pero el infante se negó, determinado como estaba a obtener una gran victoria que le abriera las puertas del trono aragonés.

Correrías por la Vega de Málaga

En mayo para entretener a las tropas y mantener al enemigo a raya, el infante Fernando organizó correrías contra Loja, Ronda y la Vega de Málaga, enviando un poderoso ejército que hizo una gran cabalgada durante cinco días, causando la desolación en las alquerías malagueñas, sin que las tropas moras que salieron a su encuentro pudieran evitarlo. Los jefes encargados de efectuar la cabalgada fueron los más importantes caballeros del reino castellano y otros muchos señores que eran la flor y nata del ejército cristiano, mandando a mil doscientos lanceros, ochocientos a caballo, numerosos ballesteros y una multitud de aventureros.

Este ejército salió de Antequera el viernes 11 de julio, yendo a dar cebada a los caballos en la ribera del río Guadalhorce, donde durmieron, entre Álora y Cártama, sitio que aún se llama la Aljaima, por haberse montado allí el campamento. El sábado una parte del ejército comenzó a correr la tierra por Cártama, Campanillas y Málaga, quemando sus arrabales y las cosechas, talaron la arboleda y destrozaron los molinos, las huertas y viñas y trabando encuentros con los moros que salían a defender con bravura sus tierras y cosechas, siendo heridos muchos cristianos después en una escaramuza en las huertas linderas con las playas, y atacados por los moros que allí estaban pescando en sus barcas.

El lunes por la mañana Lorenzo Suárez de Figueroa después de varios días destruyendo todo a su paso, empezó la vuelta para Antequera, corriendo la tierra desde la playa de Churriana hacia el Valle de Santa María, hoy Alhaurín de la Torre, destruyendo los molinos, las viñas y las huertas y quemando los trigales y cebadares, destrozando todo lo que pudieron y levantaron el real cerca de una alquería, a la que combatieron y salieron de allí dos moros a pleitesía, que dijeron ser caballeros y hablaron y volvieron a su lugar y luego los cristianos atacaron la alquería y no la tomaron. Y el martes fue al Valle de Santa María la otra parte del ejército que sumado al acampado entraron por la fuerza en el lugar, menos la torre y lo quemaron todo y aquí fueron heridos muchos cristianos y estos hicieron mucho daño a los moros y después de esta desolación las tropas cristianas dejaron el Valle de Santa María y siguieron hacia Antequera y asentaron el campamento otra vez en la ribera del río Guadalhorce, cerca de Álora y llegaron al real de Antequera el miércoles, donde en los días siguientes asediaron y tomaron la ciudad para los reyes cristianos y el 24 de septiembre tomaron posesión de la alcazaba antequerana saliendo al día siguiente los últimos defensores que fueron 895 hombres con 770 mujeres y 863 niños, los cuales en los días siguientes vendieron a los cristianos los bienes que no podían transportar y marcharon para Archidona y después para Granada, mientras que el infante con su ejército vencedor se retiró a Sevilla a la que llegaron el 14 de octubre.

Los destrozos que hicieron en la dezmería musulmana de Alaolín y su Valle de Santa María tardaron muchos meses en reconstruirse, pues su población había quedado en la ruina y la desesperación, en una de las tantas batallas que tuvieron lugar en la tierra de Málaga entre moros y cristianos antes de la conquista definitiva de la ciudad, setenta y siete años después, en 1487.

 

 

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