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Las manos olvidadas del jardinero que estuvo detrás del primer trasplante de corazón

Este año se cumple el cincuenta aniversario del primer trasplante cardiaco, hecho en Sudáfrica. En medio del Apartheid, fue crucial el trabajo de una persona de raza negra

ABC diguital

PEDRO GARGANTILLA Madrid 05/05/2017 16:23h - Actualizado: 07/05/2017 20:48h. Guardado en: Ciencia

Trasplante de corazón y pulmón hecho en 1981 - Stanford School of Medicine

A lo largo del siglo pasado asistimos a un avance vertiginoso de la ciencia en general, y de la medicina en particular. En el campo de la farmacología aparecieron los antibióticos, los antidepresivos o los antidiabéticos, tan sólo por citar algunos de los grupos farmacológicos más importantes. En la cirugía la gran revolución llegó de manos de los trasplantes, los cuales han permitido alcanzar objetivos jamás imaginados apenas unas décadas antes.

Pedro Gargantilla es jefe de Medicina Interna del Hospital de El Escorial y autor de varios libros de divulgación.- M. JARA

Sudáfrica, el primer trasplante

El primer trasplante cardiaco se realizó en el año 1967, en el Hospital Groote Schuur de Ciudad del Cabo, la capital de Sudáfrica. Hay que recordar, y esto es crucial en nuestra historia, que por aquel entonces existía una fuerte segregación racial en este país, el conocido Apartheid, e imperaban enormes diferencias jurídicas en función del color de la piel.

Imagino que a más de uno le sorprenderá que fuese en el continente negro en donde se llevó a cabo el primer trasplante de corazón, hay que matizar que no es que hubiese en aquel momento más avances médicos en Sudáfrica que en Europa o en Estados Unidos, sino que las leyes relacionadas con la muerte cerebral eran muchos más permisivas.

A finales de 1967 una mujer de raza blanca de 25 años –Denise Darvall- sufrió un grave accidente de circulación que le dejó unas lesiones cerebrales irreversibles, que acabaron desencadenando la muerte cerebral. Este desgraciado suceso dio la oportunidad a un joven médico, el doctor Christian Barnard (1922-2011), de llevar a cabo una cirugía que llevaba tiempo acariciando, utilizar el corazón de la joven como donante. El receptor del preciado botín fue un comerciante de ultramarinos –Louis Wahsakanski- de 53 años, diabético, fumador y con una enfermedad coronaria severa.

El equipo de Barnard, compuesto por más de veinte personas, consiguió que el corazón de Denise latiese vigorosamente en el cuerpo de Louis tras el implante y que lo hiciese a ritmo normal durante dieciocho días más, que fue el tiempo que sobrevivió tras el trasplante. El éxito de la cirugía dio la vuelta al mundo y Barnard pasó de «ser un cirujano de Sudáfrica, poco conocido, a una celebridad mundial», tal y como él mismo llegó a reconocer.

El jardinero fiel

Lo que mucha gente quizás no sabe es que el éxito de la cirugía se debió en gran parte a la pericia con el bisturí de un jardinero de raza negra. Se llamaba Hamilton Naki (1926-2005), carecía de formación académica y durante mucho tiempo había trabajado en la limpieza de las jaulas del Departamento Médico de la Universidad de Ciudad del Cabo. Su innata habilidad con en el quirófano provocó que posteriormente colaborase en anestesiar a algunos animales de laboratorio y, finalmente, interviniese quirúrgicamente a algunos animales. Pues bien, fueron sus curtidas manos las que extrajeron el corazón de Denise, a pesar de que las leyes sudafricanas prohibían que un negro operase a un blanco.

Después del trasplante, mientras Christian Barnard se convertía en un cirujano de renombre, Hamilton Naki quedaba condenado al anonimato, no podía ni siquiera figurar en los créditos de las fotos. Es más, en cierta ocasión «se coló» por error en una fotografía y el hospital tuvo que salir al paso explicando que se trataba simplemente de un empleado del servicio de limpieza.

Un reconocimiento más que merecido

En el año 2001, una década después del fin del Apartheid, el doctor Barnard confesó la verdadera historia del primer trasplante cardiaco y añadió «técnicamente, él es mejor que yo». A partir de ese momento llegaron los reconocimientos para Naki, el más importante tuvo lugar en el año 2003 cuando el gobierno de Sudáfrica le concedió un graduado honorífico en Medicina por la Universidad de Ciudad del Cabo.

A pesar de todo, cuando se jubiló su pensión fue de 275 dólares mensuales, la correspondiente a un jardinero. Pocos años antes de morir, Naki explicó en una entrevista que «si hubieran publicado mi fotografía, los responsables habrían ido a la cárcel». Afortunadamente, en Sudáfrica todo ha cambiado.

Hay una frase del escritor Edgar Allan Poe que puede resumir a la perfección la historia de Barnard y Naki: «Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan de noche».

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