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NUESTRAS PALABRAS XXV

NUESTRAS PALABRAS  XXV

(Archivo de La Fontana)

PADRE.-        

Foto:universolamaga.com

En la familia campesina quien manda y ordena es el padre y hace los tratos sin intervención de los hijos. Los niños, si estorbaban, con una simple mirada se iban. Los hijos mayores no fumaban delante del padre y le hablaban de usted con gran respeto y miedo, pues no había confianza ni amistad entre los hijos y el padre, que era muy severo y recto, sin pedir ni admitir la opinión de nadie y si castigaba lo hacía dando correazos o con una vara.  Esta forma de educación era normal desde los abuelos y no se generaba odio entre ellos.

 

PARTO.-

Se preparaba teniendo a mano la palangana, la cinta blanca para el cordón umbilical, una mantilla y el cernaero o paño para coger al recién nacido. Llegado el momento, se llamaba a una mujer vieja entendida, que daba a la madre antes de dar a luz y para suavizar sus dolores, canela o cebolla cocida y no podía tomar cosas fuertes, como queso, aceitunas, huevos o ensalada condimentada, pues le podía dar un dolor muy malo. La cuna era de madera, y si no la había se salía del paso con una espuerta de palma recubierta de paño. Los mayores peligros para el recién nacido estaban en las diarreas, meningitis, el quebrarse o que le saliera pupas en la cara. La ropa del bebé era muy abundante y en su mayoría servía para empapar las meadas con las empapaeras, la camiseta, el pañal de muselina, la faja, el ombliguero, la culera, los corseles, el batón de ganchillo, toallas para liarle, abriguito de lana, orejuela y gorro. Su comida era mamar la teta de la madre, si tenía leche y si no, se buscaba una mujer que estuviera criando y que le sobrara. A los pocos meses se le daba ya café migado y si estaba endeble le daban vino migado con pan, aunque lo más común era el refrito de aceite y pan, sopas y gachas de harina tostada.

 

PATIO.-                                                                                           Foto: porsolea.com

A España trajeron el conocimiento del patio los romanos, que siguió construyéndose por los visigodos y por los musulmanes y se suele poner macetas como adorno y como refrigerantes con la evaporación del agua con que se riegan. 

 

HERENCIA.-

La gente del campo era muy dejada a la hora de hacer las escrituras. Podían pasar muchos años sin que se legalizasen las compras o las herencias. Luego venían los problemas con los contratos de venta y los impuestos. Antes de morir, el propietario dividía la finca en tantas o partes  como hijos tenía, entre los que las repartía echándolas a la suerte. Entre los mismos hermanos se intercabiaban sus herencias o se las vendían unos a otros. Las riñas y enemistades venían cuando en vez de venderle lo suyo a un hermano que lo quería, lo vendía a otro ajeno, porque pagaba más.

 

MAESTRO.-

Hasta la primera mitad del siglo XX, el campo estaba muy poblado. Los niños no tenían escuelas y recibían la enseñanza de maestros ambulantes que iban varios días por semana, haciendo distintos recorridos. Almorzaba y cenaba en la casa donde le cogía, procurando que no siempre fuera la misma. Enseñaba las cuatro reglas a los zagales más chicos a cambio de unos duros al mes, según lo que hubiera.

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