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El último beso

Despedida Despedida

/Juan Moreau Tamayo

            Tren rápido a Barcelona estacionado en la vía primera de la estación férrea de Málaga; siete de la mañana; cinco minutos antes de la partida; como otros tantos viajeros, un matrimonio joven se “tiran besitos”, gesticulan haciendo cómicos gestos, dado a que las ventanillas herméticamente cerradas para mantener el aire acondicionado en el tren, tienen doble cristal.

            El marido desde el andén le dice algo importante a la esposa, que no entiende; vuelve a repetirlo, por lo que le indica por señas la puerta y ella no duda en cruzar, bajando al andén con el esposo; él repite el mensaje y… un largo y cálido beso de despedida, une sus labios y sus corazones.

            En ese mismo instante, puntual, el tren se pone en movimiento lentamente, pero unos segundos más tarde la velocidad se duplica, siendo imposible cogerlo en marcha.   A esa dificultad se unió la de la puerta del coche que al arrancar el tren se cerraba automáticamente, quedando la viajera en tierra dando enormes gritos de:

            ¡ - Mi hijo, mi hijo, mi hijo!

            En el compartimento, metido en una cestita, dormía plácidamente un bebé de pocos meses, entre bultos y maletas que aún su madre no había acomodado en el portaequipajes, ajeno lógicamente a lo que ocurría a su alrededor.

            Ningún viajero se dio cuenta del pequeñajo y menos del porqué viajaba solo.

            Lo más lógico hubiera sido ir a información y relatar lo ocurrido, para que pusieran sobre aviso al interventor y demás personal de a bordo, y en la primera parada del tren dejar el citado equipaje y…   lo más importante, el bebé que nos ocupa, al Jefe de Estación para ser recogido por sus padres.

            Ellos, por el contrario, salen de la estación y buscan al primer taxista que encuentran solicitándole los lleve a todo correr a Bobadilla, primera parada del tren; él los quiere convencer que no llegarían a tiempo y más habiendo pasado unos minutos tras la partida.

            ¿ - Los llevo a Córdoba?...     Allí el tren para más de media hora y podemos tener la suerte de llegar a tiempo.

            ¡ - No, no,- dice el marido- A Bobadilla y rápido!...

            -Como manden los señores…

            Sabiendo el interventor desde la salida de la capital andaluza las plazas ocupadas, espera revisar los billetes cuando en las estaciones intermedias van entrando nuevos viajeros por lo que no bien pasada la estación de Puente Genil, no recorre los compartimentos uno a uno con este menester, encontrando al bebé que había despertado y empezaba a llorar desconsoladamente.

            Rápidamente llaman a una auxiliar del convoy para que acompañe al precioso bebé, telefonean a Málaga y Córdoba, así como a las estaciones que el tren se había detenido, desde la estación de Montilla y por último deciden dejarlo en esta última capital, bajo la custodia de un agente femenino de la Policía cordobesa e intentar averiguar qué había pasado y cual sería el paradero de sus padres.

            Éstos entretanto llegan a Bobadilla por la autovía a través de Antequera y como dijo el taxista hacía bastante tiempo que había pasado.

            Siguen por tanto dirección Córdoba a la que llegan rendidos y con el alma en un hilo, como se suele decir y…   la segunda gran equivocación; entran rápidos en los andenes que se encuentran en el subsuelo, buscan el vagón y compartimento y…   ni equipaje, ni bebé,  ni alguien que les diga dónde está.

            El tren se pone nuevamente en movimiento quedando atrapados en él, hasta la llegada del interventor que les informa que su hijo se encuentra sano y salvo en Córdoba a buen recaudo; los hace apearen la estación de “El Carpio” para su regreso a la capital de la “Mezquita”

            Al cabo de dos interminables horas llegan a esta estación ; buscan al Jefe de la misma que tranquiliza a la pobre madre, los acompañan a la Comisaría de Policía y tras un exhaustivo relato de los hechos, le entregan el equipaje y lo más importante,  al pequeño que una nodriza había dado el biberón y dormía nuevamente metido en su cestita.

            ¡ - Señoras!, si algún día viajan con su bebé, no lo deje solo bajo ningún pretexto; si tiene ganas de dar un beso, lo dais al vecino del compartimento, ¡Es más barato y… menos estresante!

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