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CITAS CURIOSAS

La soledad La soledad

/Juan Sánchez Jiménez

 

-Si estoy solo, no tengo soledad (la soledad no significa estar solo).

 

-La civilización no suprime la barbarie, la perfecciona (François Marie Arouet, "Voltaire", 1694-1778).

 

-Sin hacernos preguntas o especulación no hay ninguna observación (Charles Darwin, 1809-1882).

 

-En la naturaleza nada hay superfluo (Averroes, 1126-1198).

 

-Historia: Antiguamente el 95 por ciento de la población vivía en el campo, aislada de las pestes periódicas y de las guerras que acababan descabezando sucesivas civilizaciones.

 

-Historia: La decadencia.- Se ven los aspectos brillantes de Roma y su cultura, pero se omite el hecho de que en los oscuros años medievales los habitantes de Roma deambulaban por las calles ignorando hasta para qué había servido el Coliseo. O se tiende a olvidar que Alejandría, cuna de la otra gran cultura, cayó el siglo XIX hasta los niveles de poblacho infecto, para convertirse hoy en una gran ciudad llena de conflictos. El Cairo, donde un buen número de vecinos vive en cementerios o de la búsqueda de basuras, constituye uno de los caos urbanísticos más importantes del mundo. En pleno imperio, Londres tenía un ejército de mano de obra infantil espantoso, mendigos y delincuentes y los carruajes salpicaban al transeúnte con aguas fétidas.

 

Racismo: En épocas de bonanza económica, se admiten los inmigrantes, dándoles los trabajos que nadie desea, pero en épocas de crisis esos trabajos se vuelven deseables y surge el racismo.

 

Historia: La ciudad.- En algún momento entre el Paleolítico y el Neolítico, hace unos doce mil años, el nómada cazador se convirtió en un aldeano con vivienda fija que cultivaba la tierra y domesticaba los animales. Fue quizás en la aldea donde surgió el primer atisbo de organización social, con división de trabajos entre quienes tenían por misión defenderla contra posibles invasores y los que procuraban alimentos al resto. Con la aparición de los primeros gobiernos teocráticos hace cinco mil años, los poblados se unen para formar un ensayo de ciudades dedicadas al comercio y a la autodefensa. Algunas, como Atenas, contaron con una población aproximada de cien mil habitantes, aunque la mayoría apenas pasaron de treinta mil, caso de la ciudad de Ur, que eran los que podía mantener la técnica agraria de la época. Desde entonces, la urbe es un centro político y religioso en cuyo núcleo viven las clases dominantes, que se distinguen por su educación y vestir, y en su periferia, los pobres. En ellas surge un comercio que fija pesos, medidas y precios. La familia forma la base social y la primera unidad económica seria surge con los gremios.

 

Con la llegada a Europa de las monarquías absolutas, la ciudad preindustrial se mueve hacia el Renacimiento. Entonces, la catedral deja de ser el símbolo del burgo, ya que los monarcas quieren elegancia y lujo para mostrar su grandeza. Los palacios y los jardines, los museos y las salas de conciertos adornan París, Londres, Berlín, Viena, etc.

 

Las primeras máquinas de vapor sellaron el fin del mundo rural. Se inició el éxodo masivo del hombre a la ciudad industrial. Las nuevas técnicas agrícolas hicieron posible que sólo un tres por ciento de la población sea más que suficiente para alimentar al resto. Más tarde el vapor dejó paso a la electricidad. Ahora los tranvías comunican los centros de las ciudades con la periferia que vivía independiente y el automóvil amplía la movilidad, modificando la estructura social de la urbe.

 

El acceso del ciudadano a los créditos bancarios dispara la construcción de viviendas y la compra del automóvil, creando la dispersión caótica actual: ciudades monstruosas en todos los sentidos, que han conseguido despersonalizar a los ciudadanos, que viven y actúan como máquinas, copiando unos a otros sus usos y modas, impuestos por los influyentes medios de información, soportan epidemias de alergias, ruidos infernales, enfermedades cerebrales. 

 

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