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LAS CASAS DANESAS XXV

LAS CASAS DANESAS XXV

        /Juan Moreau Tamayo

Dos horas más tarde y tras aguantar el “cabreo” monumental de mi acompañante que gritaba como un energúmeno para que el vuelo a Málaga lo anunciaran “ya”, de tener que la vigilancia portuaria lo hiciera callar dos veces, de tener a una azafata ofreciéndonos un almuerzo gratuito a cargo de la compañía, que no aceptó y a voz en grito respondía: -¡¡¡Yo no quiero “comía”, quiero irme a mi casa, ya-!!!   A ver qué clase de compañía es Iberia o como se llame; que estoy hasta los mismísimos “gu…” y llevamos más de tres horas aguantando este “cachondeo” Ahora mismo me voy a la comisaría a denunciarlos y se van “a reí” de su “pu.” madre.

Yo le repetía que no gritara, que no podía denunciar porque en la policía no lo entenderían y lo único que podría pasarle era que lo detuvieran por escándalo público y no pudiéramos irnos a Málaga.

Esto lo calmó un tanto cuando le dije: ¿-No ves que estamos haciendo gente-?  Y era verdad a los gritos una cantidad de gente nos hicieron un círculo y al final de esos gritos, los presentes (de varias nacionalidades, le dieron un aplauso…)   Se avergonzó y no volvió a chistar hasta que anunciaron vuelo a Málaga vía Londres y Madrid.    Cogimos nuestros bártulos de mano y ¡A volar se ha dicho!

En una media hora, habiéndonos servido el almuerzo, llegamos al aeropuerto londinense en donde si en la capital danesa era un caos en la que nos ocupa era el mismo jaleo multiplicado por tres.

Por mucho que protestamos nos indicaron que el avión que habíamos traído tenía que regresar a Dinamarca con pasajeros y que nos avisarían cuando el vuelo a la Costa del Sol estuviera disponible.

Pasa una hora; pasan dos, tres y cuatro… había anochecido y el aviso no llegaba; José Luis, puro nerviosismo paseaba rápido por la estancia que nos habían asignado, como gato enjaulado murmurando entre dientes: “Me cago en mi nación, en la leche que he “mamao” en “tos” mis muertos, en “to” lo que se menea, en mi “p..” madre, en…   Nos volvieron a traer comida y ya, sin poder aguantarse, nervioso perdido, empezó a gritar y soltar votos (y no de castidad precisamente) hasta que la policía de aquel macro aeropuerto lo hizo callar y una vez calmado volvió a repetir que no abriría la boca hasta que no estuviera en un avión destino España.

Al cabo de esas cuatro o cinco horas avisan que el vuelo a Málaga vía Madrid, partiría de la ciudad londinense en breve.    

   

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