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Las casas danesas X

Las casas danesas X

/Juan Moreau Tamayo                           

Pronto llegó la hora de cenar; eran las seis de la tarde y nuestra amiga la “Lucifé” nos dijo que conocía un restaurante muy cerca de donde estábamos y que ella nos invitaba; aceptamos casi a la fuerza ya que de otro modo nos veríamos obligados hacerlo en el hotel.

Comentando lo que nos llamó la atención de la sirenita, la altura del soldado, llegamos a una plazoleta muy coquetona, rebosante de plantas y flores, extrañándome mucho la prisa que se dio para que entrásemos, sin disfrutar de tan original ornamento propio de un patio cordobés.

Ella, pidió permiso para ausentarse dejándome el encargo que pidiera lo que nos apeteciera a José Luis y a mí; se acerca un camarero adolescente y con una sonrisa de oreja a oreja y en danés nos entrega una carta para que eligiéramos.

Empiezo a pedir en alemán y el chico responde: ¡-No comprende nada!; intento en mi pobre inglés y…        ¡-No comprende nada!   En francés y… otra vez la misma historia…  

-Llame al Jefe o a quien entienda algo de alguno de estos idiomas y… ¡-No comprende nada! Por fin me dice que lo siga y en vez de dirigirse a quien nos ayudara, se dirige a la puerta seguido por mí señalando el letrero que estaba encima de la misma: Restaurante español; … regresamos a la mesa entre risas y el chaval, con una gracia innata de los gaditanos me recriminó: “-Pero pischa, ¿por qué no has empezao por pedir las cosas en español estando como estamos en este local?…  Me aplaudieron al comprobar mi desconcierto, nos presentaron al Chef que por cierto era el padre del camarero, regresó la “Lucifé” y todo lo demás salió como sobre ruedas; vino a saludarnos la madre del chaval y… en mi vida he visto comer tanto y tan a gusto como lo hizo el cateto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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