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LAS CASAS DANESAS IX

LAS CASAS DANESAS IX

                             /Juan Moreau Tamayo

Tras el paseo en el “mini-taxi” llegamos al muelle principal, con el afán por mi parte de visitar la tan famosa “sirenita” y mi decepción no tuvo límites; en una roca artificial dando la espalda al mar una figurilla de bronce de un metro de estatura aproximadamente… tenía medio cuerpo de mujer y el otro medio de pez; era la tan llevada y traída “estatua”; y… como buen turista, tras esperar turno, me hicieron la correspondiente foto que no sé en qué álbum de mi casa está.

Luego, paseando, nos encontramos junto a la puerta principal del Palacio Real en donde en una garita muy especial, un soldado estaba junto a la puerta de los jardines, tan sumamente inmóvil que lo que menos se piensa uno es que pudiera ser de carne y hueso; tras unos minutos de inmovilidad, y a unísono con el compañero que se encontraba al otro lado de la cancela, se ponían en movimiento con pasos milimetrados para luego volver a la inmovilidad.

Vi, como unos turistas se acercaban a él y cambiaban unas palabras que el guardián de palacio contestaba sin tan siquiera mover un músculo, sólo el de los labios.

Mi pregunta fue inmediata: ¿-Cuál sería la estatura del joven? 

La respuesta de “Lucifé” no se hizo esperar: -Acércate a él y te mides; ¿- Y no me dirán nada? -Nunca dicen nada porque ellos están acostumbrados a aguantar a los turistas.

Con cierto recelo me acerqué y al verme tan bajito (Y no soy demasiado pequeño: uno sesenta y cuatro) el centinela se sonrió imperceptiblemente; mediría unos dos metros y algo, que se aumentaban con una tiara como las de los cardenales de nuestra iglesia, otro tanto, En la foto que me hizo el “cateto” yo le llegaba a su cintura; le di las gracias en danés que fue lo que aprendimos en el hotel y contestó con algo que no entendía, y respondí: “- La tuya por si acaso”

   

 

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