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LAS CASAS DANESAS VIII

LAS CASAS DANESAS   VIII

/Juan Moreau Tamayo

“Lucifé”, el “cateto” y yo, al bajar del avión fuimos por nuestro equipaje a la cinta transportadora que nos indicaron por el altavoz, en los diferentes idiomas que antedijimos y como una desgracia nunca viene sola, en la cinta que nos indicaron venía el equipaje de todos los otros viajeros, menos el nuestro.  ¡Cómo llegamos a última hora por el dichoso aparcamiento!…

 

Fueron a reclamarlos, pero yo, que tuve la ocurrencia de poner en mi maleta un lacito rojo en el asa, vi en una cinta bastante retirada, y gracias a los lazos que se veían desde lejos, todo el equipaje que salía de las dependencias aeroportuarias cansadas de dar vueltas…  que era la de nuestro equipaje.

 

El aeropuerto de Copenhague es sin menospreciar el de barajas antes de su remodelación, algo maravilloso; como era muy largo, tenía de trecho en trecho, unos descansillos y a igual que en el remodelado aeropuerto de Málaga en la actualidad, cintas trasbordadoras para descanso de los viajeros.

 

Aunque estaban muy bien señalizados, era tan grande el fluir de viajeros y equipajes, que quien no estuviera acostumbrado a ese ajetreo se perdería en dos minutos.  

 

Tomamos un taxi que nos llevó a un hotel que conocía “Lucifé” y que no tenía ni la más remota semejanza a los maravillosos hoteles que tenemos en nuestra tierra, Andalucía, Costa del Sol.

 

Un ascensor defectuoso, una cena de lo más cutre, (unas especies de tortas de pescado, de filete de carne muy escaso) …   un trato humano muy deficiente por lo que nos tocó el subir las maletas hasta una planta superior y, sobre todo: nadie sabía español ni alemán, sólo danés.

 

“Frau Lüstefell” una vez que nos instalamos en aquel hostal -porque de hotel tenía bien poco-, se marchó a casa de una amiga para visitarla y dormir en aquel hogar, según nos lo indicó. Me entregó un diccionario con las palabras más comunes, y un librito (guía turístico) con lo más esencial de Dinamarca, en español.

 

Abrí al azar éste, coincidiendo con el título del capítulo, Copenhague: Capital de Dinamarca con el condado de su nombre, de 85 Kilómetros cuadrados teniendo una población de más de 625.000 habitantes en la década de los 80 del pasado siglo; su industria floreciente, fabricación de motores, industria textil, refinería de aceite, fábrica de calzado y cerveza, gran puerto industrial, en la época de la dominación romana se llamó “Codania”, gran aeropuerto, manufactura de porcelana, museo del escultor “Thorwaldson” En 1807,  fue casi destruida por los ingleses que la bombardearon sin previa declaración de guerra.

 

La mañana siguiente bien temprana “Lucifé” estaba llamando a la puerta del dormitorio, para, según dijo, aprovechar las horas de luz diurna a visitar lo mejor que tiene la capital de la nación por lo que dimos un paseo largo hasta encontrarnos en la zona industrial y turística.

 

Allí, nos subimos en un cochecito eléctrico para adentrarnos en los maravillosos astilleros, en donde en, diferentes diques secos se construían barcos de diferentes tamaños y propiedades; luego las grúas que enormes, cargaban y descargaban contenedores y al regreso de aquél maremágnum de servicios y actividades que sus muelles soportaban, nos encontramos en la estación marítima , en donde adquirimos los billetes, en venta anticipada, de un ferry que nos transportaría al “continente” ya que Copenhague está en una isla.

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