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POR ABRIL, LAS HABAS EN EL MANDIL

 /Andrés Santamaría González

Uno es un amante de los  mercados, en ellos cuando se es joven, encuentra uno motivos para exaltarse con  efusiones poéticas. Se va con el tiempo incrementando el interés por los mercados de abastos, estrepitosos y llenos de vida; la que a uno sin darse cuenta, le va poco a poco faltando. La variedad de género en los mercados es hoy asombrosa. Es un espectáculo pararse en los numerosos puestos, a cual más vistosos y bien presentados.  Nuestra vista se recrea con los múltiples coloridos de éstos. Aparecen verduras o frutas exóticas y desconocidas. Hasta el olor de los mercados satura nuestra pituitaria. Los mercados, desde luego, están hoy mejor surtidos que nunca, y aquí  viene el problema: A medida que van  desapareciendo de nuestro clima las estaciones de nuestros mercados. Recuerdo que cuando yo era niño, las habas se comían en el mes de abril, las judías verdes en junio y julio, los tomates en verano, como los melones y las sandias. Tenía sentido decir “ de uvas a peras“ o “de higos a brevas“, ya que las uvas se cosechaban en septiembre, las peras en agosto, las brevas al principio del verano y los higos a finales.  Con cuánta impaciencia esperaba uno la estación correspondiente para gozar los frutos propios de ella . No era mucha la variedad que había, cierto, pero las frutas y las verduras eran inmensamente más sabrosas y jugosas. Las verduras primaverales se adelantan gracias a los invernaderos y a que las plantas genéticamente modificadas aguantan más el frío. No hace mucha ilusión comerse unos guisantes o unas habas cuando aún son necesarios la bufanda y el abrigo. La estacionalidad de los productos se va perdiendo y, con ella la ilusión de comer las verduras al principio de su temporada natural.  Unas habas rehogadas con tocino, butifarra y unos ajos tiernos son un plato de transición entre estaciones, a finales de febrero ya  podemos gozar de las primeras habitas tiernas, con ése sabor ligeramente amargo tan característico y agradable. A las habas les va el cerdo, podemos degustarlas con cualquier parte de éste. Las habas son ricas en proteínas y vitaminas, lo que las convierte en las más nutritivas de todas las legumbres, y su aporte calórico es mucho mayor si se consumen secas. Aunque el origen de ésta papilionácea lo hallamos en África y en Persia. En el antiguo  Egipto y en el Mediterráneo ya se cocinaban.

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