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UN NOMBRE PARA LA MARIPOSA

UN NOMBRE PARA LA MARIPOSA

 /Andrés Santamaría González

No hace mucho tiempo en el mundo imaginario apareció una pequeña mariposa, que mira por donde no tenía nombre conocido. La pobre estaba preocupada porque en el mundo en que habitaba quien no tenía nombre no poseía personalidad. Era un ser anodino, desconocido e ignorado. La mariposa se fue a pasear volando por el cielo y se perdió en lontananza.  Vagó y voló por muchos lugares y allí fue conociendo a otros muchos animales.

 

Primero se encontró con una oveja que estaba triscando la tierna hierba del prado. Le preguntó: ¿Tú me podrías dar un nombre? No se Umm, le respondió la oveja. Siguió su camino y se posó sobre una bella y olorosa rosa, de nuevo le preguntó ¿Tú podrías darme un nombre? A lo que contestó la rosa: Yo no te lo puedo dar, pero será mejor que te comuniques con la mente de una niña. Ella seguro que te buscará un bonito nombre acorde con tu belleza y lozanía.

 

La mariposa llegó por una puerta imaginaria hasta la mente de una estudiosa niña de un colegio. La niña al ver en su mente a la bella mariposa se le ocurrió un bonito  nombre. Primero la dibujó con sus lápices de colores, para mejor visualizarla.  Después pensó llamarla Bella y desde entonces, la inquieta y viajera mariposa se siente contenta de tener tan bonito nombre.

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