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Anecdotas

Anecdotas

/Juan Moreau Tamayo

          Había una vez en nuestro pueblo un matrimonio (José era el nombre de él y Francisca el de ella), que poseían una pequeña finca rústica.  Este matrimonio no tenía hijos; el único que aparecía por allí era un sobrino de la mujer que era un poco atravesado y que siempre estaba de disputa con su tío político.   Tantas disputas tuvieron que terminaron enemistándose definitivamente.

          Pocos años después  el marido, es decir, José, enferma gravemente y cuando el médico lo visita, le dice a la esposa que le quedaba poco tiempo de vida.

          Efectivamente, el empeoramiento era por día, y la mujer, Francisca, presintiendo que de un día a otro este hombre iba a acabar su existencia, llamó al sobrino y le dijo:

          -Es importante que vengas a preguntar por tu tío que ya está en las últimas y a mí me gustaría que él te viera para que se dé cuenta que tú no le guardas ningún tipo de rencor.

          El sobrino era reacio a llevar a cabo esa visita que con tanto interés le estaba pidiendo su tía, pero a fuerza de insistir, accedió y se fue a ver al moribundo.

          Cuando lo tuvo en su presencia vio claramente que su tío político estaba prácticamente en coma: respiración agitada, ojos cerrados, en fin, lo propio de un estado comatoso. Entonces la mujer le dijo:

          ¡-José, que está aquí tu sobrino, que ha venido a verte!

          El pobre José no respondía.

          Volvió la mujer a repetir lo mismo y el hombre sin responder. Así varias veces hasta que de pronto, el amigo José hizo un gran esfuerzo y con expresión de mala leche, dice:

          ¡- Lo he visto mujer, lo he visto!

          A los pocos minutos dio su último suspiro, posiblemente pensando la buena cosa que le había traído su mujer para despedirse de este mundo.

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