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NUESTRAS PALABRAS XXIII

(Archivo de La Fontana)

 

 PALODÚ

Palo dulce, nombre popular en Málaga del regaliz, planta herbácea  con tallos leñosos, de un metro aproximadamente de altura, hojas de color verde oscuro algo viscosas por el envés, con raíces largas, cilíndricas, pardas por fuera y amarillas por dentro, común en España a orillas de ríos y tierras de riego, cuyo jugo de sus raíces o rizomas, dulce y mucilaginoso, se usa como pectoral y emoliente. Lo vendían en trozos pequeños a los niños a las puertas de las escuelas.

 

PITA

Planta oriunda de Méjico, con pencas largas y carnosas, con espinas en los lados y en la punta, de color verde claro, de hasta tres metros de largor,  flores amarillentas, sobre un bohordo central que no se desarrolla hasta pasados varios años, pero entonces se eleva en pocos días a la altura a seis o siete metros. De estas pencas se saca una hilaza con la que se hacen cuerdas, llamadas "de pita" o de sisal.

 

PLAÑIDERA

Del castellano plañir, "llorar, golpes de pecho, quejidos, lamentos ruidosos". Mujer que pagaban los antiguos para acompañar llorando los entierros. Antiguamente, en los pueblos de la Hoya de Málaga, acudían algunas  vecinas a la casa del difunto y allí ejercían de plañideras, acompañando los llantos de las dolientes, con lamentos lastimeros y frases alabando las virtudes del que estaba de cuerpo presente.

 

Sus gritos y gestos eran tan ridículos que un obispo extremeño tuvo que intervenir en su obispado criticando duramente el trabajo de las plañideras, acusándolas de llorar con desmesura y barbarismo, ordenando que.

"...por cuanto hemos visto y reconocido que en los entierros lloran las mujeres con descompostura de que se origina lo uno la perturbación de los sacerdotes que están celebrando y lo otro la indecencia que en el templo se origina, moviendo a irrisión a los fieles, siendo las iglesias dedicadas a Dios para que los cristianos lloren sus culpas siendo los llantos mencionados especie de barbarismo que debe remediarse, mandamos que ninguna mujer llore en semejantes funciones, pues menos inconveniente es que se queden en sus casas que no vayan a alborotar la iglesia, lo cual cumplan pena de excomunión mayor y de doce reales aplicados a la fábrica de esta iglesia..." (ADC. Libro de Visitas. Parroquia de San Pedro. Leg. 96. Garrovillas de Alconétar).

 

Lo normal, en todos nuestros pueblos, era que las plañideras se sentaran cerca del difunto y de los dolientes, tratando con sus lloriqueos de influir en los acompañantes a que también lloraran conmovidos, de forma que si lo conseguían, la casa se convertía en un imponente altavoz del griterío, que llegaba hasta la calle, donde también había acompañantes sentados y de pie.

 

El final de su trabajo consistía en asomarse a los balcones de la casa junto con algunos dolientes, diciéndole un bestial adiós al difunto, agitando pañuelos y haciendo gestos contorsionistas, en el momento en que el párroco llegaba y se formaba la comitiva fúnebre hacia la iglesia.         

 

RAHTRA

1.- Antiguamente, rastra, apero de labranza hecho de hierro en forma de parrilla con púas hacia la tierra, que a manera de rastro, del que tiraba la yunta, servía para desterronar y allanar la tierra después de arada, para sembrarla. Sustituída hoy por la grada. 2.- Rastra, "cría de una vaca", especialmente la que aún mama y sigue a su madre. En los inventarios de bienes alhaurinos suele leerse "una vaca con su rastra".

En 1802 Juan Vega tenía dos vacas "Hortelana" y "Primorosa", con sus rastras. 

 

 

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