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¡QUE YO NO SOY!

Juan Moreau Juan Moreau

/Juan Moreau Tamayo

            En una de nuestras barriadas, una familia llama a urgencias del ambulatorio; el padre tiene un dolor horrible en el lado derecho del vientre. Pocos minutos después un médico se persona en la vivienda y decide llevarlo en ambulancia al Hospital.

 

       A Paco lo acompaña su esposa y un enfermero que lo acomoda en la camilla, pero las ansias de muerte que le dan al recostarlo, hace que el sanitario opte por sentarlo en el sillón que va de espalda al sentido de la marcha, lugar que ocuparía la esposa del enfermo, María, pero advierte se marea en esa posición.   La sienta en la camilla y el convoy se pone en marcha a todo gas y, en pocos minutos llegan al servicio de urgencias  del hospital correspondiente.

 

Y aquí empieza la anécdota:   Dos Celadores, celosísimos de su cometido, abren la puerta posterior del vehículo, y se llevan a María en la camilla, que aunque iba algo aturdida y con ansias, protestaba airadamente.  Repitiendo hasta la saciedad:  ¡ - Mi marido, mi marido!...    A lo que el celador todo paciencia responde:  ¡ - No se preocupe que está en la sala de espera!.…

 

            Lógicamente, el asiento donde el compañero recogió a Paco es normalmente el que en teoría ocupa el familiar que solícitamente lo lleva en un carrito a la sala de espera.   Me preguntarán  ¿Dónde estaba el enfermero que los acompañó? Dónde debía estar, en recepción de urgencias entregando la documentación del paciente.       El pobre Paco, que no estaba para discusiones  llega a la sala de espera y el celador se despide de él diciéndole:   “ – Espere un momento, que enseguida lo llamaremos”

 

            Se arrincona en un asiento, se coge fuertemente “la barriga” y aguanta una media hora  con un dolor intenso y las críticas de los  familiares de los otros enfermos hacia el personal sanitario.

 

            Entre tanto, a la buena María le toman la  temperatura, tensión arterial y le preguntan  como es de rutina:   le realizan la afiliación  y la dejan en observación, sentada;  la vuelven a llamar para hacerle un electrocardiograma con las continuas protestas  de ella:     ¡ - Que yo no soy la enferma, que es mi marío!...

 

            A instancias de quienes están en la Sala de Espera, hacen llamar a un celador que fríamente dice:    ¡ - Si se encuentra usted mal, voy a por una silla de ruedas y lo entramos en urgencias!...

 

            Este en su desesperación responde:     “ ¡ - Pero coño, cómo no voy a estar mal  si yo soy el enfermo y no mi mujer!” …

 

            La esposa estaba en ese momento explicando a una doctora el entuerto y, ante el enfado de esta  y tras otros cinco largos minutos de espera, mi buen Paco ingresó , lo operaron de una peritonitis y, gracias a Dios está en su casa más bien que el mundo.

 

            Ahora se toma a risa…    ¡ Esta In – Seguridad Social!...

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